En el año 1870, Vicente Bosch, un importante comerciante de Badalona, diseño una botella de anís basada en un frasco de perfume pero de mayor tamaño para darle el uso que él queria. Una vez obtenida la forma de la botella, Bosch encargó al pintor Ramón Casas (1866-1932) la creación de la etiqueta.
Casas diseño una etiqueta en la que un primate-humano enseña una botella y sostiene en la otra mano un pergamino que dice: “Es el mejor. La ciencia lo dijo y yo no miento”. Esa frase era la que había hecho pública en 1859 Charles Darwin con su libro “El origen de las especies”
Pero lo más curioso era la cara del primate, no se trataba de una cara de uno mono, sino de la de Charles Darwin.
Cuando Darwin habló de su teoría de la evolución la Iglesia mostro su total desacuerdo con comentarios como “del mono descenderá él”.
No sé cual sería la opinión de los bebedores del Anís del Mono, pero la botella se ha convertido en un clásico.
Representa que el cel està buit i nin gú hi va, i déu envía un àngel perquè convenci la gent perquè pugin, i ho fan mitjanaçnt el jazz…
A la peli surten molts musics de jazz caricaturitzats en dibuix animat, però és una de les pelis censurades per racista (estereotip de negre vago i maleante, però a la vegada contradictori, perquè Déu és negre…!) en tot cas, interessant i sobretot l’entorn censurat.
Qué es la vida? Un frenesí. ¿Qué es la vida? Una ilusión, una sombra, una ficción, y el mayor bien es pequeño; que toda la vida es sueño, y los sueños sueños son……..
Si no pots ser un pi al cim de la carena,
sigues un garric a la vall…
Si no pots ser un arbre,
sigues un arbust.
Si no pots ser un camí ral,
sigues un viarany.
Si no pots ser el sol, sigues estrella.
No és pel volum que reeixiràs.
Sigues el màxim en allò que siguis!
Muere lentamente quien se transforma en esclavo del hábito, repitiendo todos los días los mismos trayectos, quien no cambia de marca, no arriesga vestir un color nuevo y no le habla a quien no conoce. Muere lentamente quien se transforma en esclavo del hábito, repitiendo todos los días los mismos trayectos, quien no cambia de marca, no arriesga vestir un color nuevo y no le habla a quien no conoce. Muere lentamente quien hace de la televisión su gurú. Muere lentamente quien evita una pasión, quien prefiere el negro sobre blanco y los puntos sobre las “íes” a un remolino de emociones, justamente las que rescatan el brillo de los ojos, sonrisas de los bostezos, corazones a los tropiezos y sentimientos. Muere lentamente quien no voltea la mesa cuando está infeliz en el trabajo, quien no arriesga lo cierto por lo incierto para ir detrás de un sueño, quien no se permite por lo menos una vez en la vida, huir de los consejos sensatos. Muere lentamente quien no viaja, quien no lee, quien no oye música, quien no encuentra gracia en sí mismo. Muere lentamente quien destruye su amor propio, quien no se deja ayudar. Muere lentamente, quien pasa los días quejándose de su mala suerte o de la lluvia incesante. Muere lentamente, quien abandonando un proyecto antes de iniciarlo, no preguntando de un asunto que desconoce o no respondiendo cuando le indagan sobre algo que sabe. Evitemos la muerte en suaves cuotas, recordando siempre que estar vivo exige un esfuerzo mucho mayor que el simple hecho de respirar. Solamente la ardiente paciencia hará que conquistemos una espléndida felicidad. Martha Medeiros